Elecciones municipales durante el proceso constituyente: unidad para vencer o dispersión para seguir abusados

El día Domingo 26 de abril se realizará el plebiscito de entrada, en el que se decidirá si se aprueba o se rechaza la redacción de una nueva constitución y como ya se ha mencionado, también se definirá el mecanismo “Convención Constitucional” o “Convención Mixta”. El éxito y las formas en las que se lleve a cabo el proceso, dependen de una ciudadanía vigilante y que se haga cargo del mismo. Sabemos que el proceso es completamente perfectible y que el acuerdo constituyente fue elaborado en clave de parlamento, con la pistola encima de la mesa por parte del gobierno, con una oposición con pocos cojones y calculado a la medida de las élites. El presente texto tiene como objetivo invitar a la participación y plantear algunos riesgos que se avizoran, que creemos deben ser erradicados.

El llamado a la participación no es para validar el acuerdo de los partidos, ni legitimar el proceso, es bajo la lectura de que el proceso va a ocurrir con o sin nuestra participación, dicho esto, la apuesta es arrebatarle a las elites el proceso, quienes pretenden replicar la composición del parlamento. Cómo pretenden realizarlo, lo primero es utilizar una distribución electoral igual a las elecciones de diputados (exactamente los mismos 28 distritos), con el mismo sistema electoral plurinominal proporcional de D’hont [1]. Bajo el supuesto de una participación del orden del 50% del padrón, tal como ha sido históricamente desde que existe la inscripción automática y el voto voluntario.

Esto lo escribimos bajo el supuesto que en el plebiscito de entrada gana la opción “Apruebo”, dado que diferentes datos como encuestas, consultas ciudadanas municipales u otras indican que el voto por la nueva constitución supera el 80% de los votos [2]. En el peor de los casos, si ese 80% que “aprueba” en las encuestas, mantiene su participación, es decir, el quórum de la elección es igual al de las últimas municipales (del orden del 35% a nivel nacional, con variaciones por comuna con correlación directa al nivel socioeconómico) y que el 20% que  “Rechaza” tenga una alta participación, del orden del 90% (escenario pesimista, bajo el supuesto de replicar la alta participación de la derecha en sus comunas bastiones, como Vitacura, Lo Barnechea y Las Condes). Las participaciones ponderadas, es decir, la baja participación del ”Apruebo” y la alta participación de quienes “Rechazan”, nos entregará como resultados finales del plebiscito de entrada del orden del 60% para la opción “Apruebo”.

Sin embargo, existe un riesgo a que el mecanismo de redacción no sea Convención Constitucional, sino que Convención Mixta. Cómo es que suponemos que puede ocurrir este escenario, la respuesta es por dos factores. El primero, por campañas incipientes que llaman a anular el segundo voto, marcando AC para expresar la real voluntad pueblo de Chile (puede que muchos no anulen, pero se objetará y otros anularán sin intención o por error), lo que invalidará esos votos (supongamos que esta campaña alcanza un 10% de quienes participan del plebiscito de entrada y “Aprueban” una nueva constitución). El segundo factor es la baja participación que exista en el proceso. Supongamos ahora, que de ese 80% que “Aprueba” la nueva constitución, participa un 45% (promedio de últimas elecciones parlamentarias)  y quienes “Rechazan” mantienen su 90% de participación. Basta que un 20% de quienes “Aprueban” opte por la Convención Mixta, para que esta opción gane (bajo el supuesto del 10% marcando AC y anulando el voto, en el caso que esa campaña llegue al 1% entonces se necesita el 29% por la “Convención Mixta” por parte de quienes “aprueban”).

Según las encuestas la distribución entre CC y CM es en promedio 60% y 30% respectivamente. Por lo tanto, la Convención Constitucional no se encuentra asegurada y se debe trabajar desde ya para revertir esta situación. El voto Apruebo, debe ir seguido de “Convención Constitucional” sin espacio a la duda.

Una vez superado el plebiscito de entrada, viene la siguiente jugada de la elite, realizar la elección de constituyentes el mismo dia que las elecciones municipales y de gobernación, el día domingo 25 de octubre de 2020. En este escenario existen dos posibilidades, la primera es que el proceso constituyente mejore la participación de las elecciones municipales, que viene con una tendencia constante a la baja [ ver Gráfico N°1] y la segunda es que al estar mezclada la elección de constituyentes con las elecciones municipales, el descrédito de la institucionalidad, el exceso de más de lo mismo, permee el proceso constituyente y con esto se tenga una baja participación, nos inclinamos a que las élites apuestan por lo segundo. No sólo por la elección que ocurrirá el mismo día, sino que, sumado a esto, tendremos a los mismos de siempre posicionándose desde las elecciones primarias y todo su proceso de campaña asociado que culminará el domingo 7 de junio. El lunes 8 comenzará el desfile de perdedores a posicionarse como paladín constituyente, luego de perder el cupo a la gobernación o al municipio.

Las elecciones municipales y de gobernador permitirá a los partidos del orden, concertación y Chile Vamos, reducir esfuerzos de comandos y cruzar apoyos con figuras públicas y caudillos locales. El duopolio sabe de elecciones, en la Tabla N°1 se observa la distribución de autoridades electas mediante votación popular. Las elecciones de Concejales y diputados serán las más similares a las de constituyentes (por ser plurinominales), si no se toman cartas en el asunto, los mismos de siempre acapararán sin problemas el 90% de los asientos, en desmedro de las organizaciones sociales y populares. Como antecedente de los 345 municipios 141 son de la concertación (3 partido comunista), 146 de Chile Vamos y 52 independiente fuera de pacto, entre los 3 suman 338 alcaldes (98%).

 

Si bien estas elecciones municipales iba a ser el debut de las fuerzas progresistas, se esperaba una segunda irrupción del Frente Amplio, una posibilidad de ampliar las políticas de alianza de las fuerzas de cambio, de superar la dispersión y los porcentajes históricos de votación; lo que les permitiría territorializarse y debutar en el poder local. Pero el estallido social y la forma de abordarlo, la incapacidad de procesar diferencias políticas hacia la interna y la priorización de diseños y decisiones personales, por sobre las colectivas han generado un escenario de debilitamiento. Cuando, por el contrario, el escenario actual les debiese ser favorable y la apuesta ser, canalizar y procesar las demandas de las grandes mayorías políticas, que hoy a 4 meses del estallido aún se expresan en las calles. La descompuesta y quebrada coalición deberá pisar el acelerador si quiere tener resultados positivos en los procesos venideros.

Con el sistema proporcional de D’hont, sistema que privilegia la aglutinación de grandes bloques en listas muy votadas por sobre la dispersión, para obtener un constituyente la lista debe obtener entre el 9% y 20% dependiendo la cantidad de cupos por distritos 8 a 3 respectivamente. Lo anterior se traduce en que cada lista debe obtener  alrededor de 30.000 votos si la participación es del orden del 43%, aumentando la cantidad de votos mínimos linealmente en función del aumento de la participación (para distritos de 8 cupos, para los de menos cupos aumenta el porcentaje, pero disminuye la cantidad de votos, ya que el padrón es menor, ver Tabla N°2).

Cuales son las propuestas entonces, la primera opción, es no permitir que se realicen las elecciones municipales y de gobernadores y que se posterguen, si eso no es factible, entonces la segunda opción es, que las fuerzas con vocación transformadora, tendrán que coordinarse no sólo para obtener constituyentes, sino que desde ya instalar sus apuestas municipales y de gobernación de manera conjunta. Es momento de hacerse cargo de lo político, de declarar intenciones sin miedo y de forma abierta, de arrebatarle el poder institucional a los mismos de siempre, los tiempos de los testimonios ya quedaron atrás, o suspendemos las municipales o vamos con todo.

En el contexto de una nueva constitución, lo que está en juego es una refundación de Chile, ¿Queremos mantener los tres poderes del estado?, ¿Queremos sus mismas atribuciones?, ¿Queremos un congreso bicameral, con un senado que concentra poder y se torna antidemocrático?, ¿Cómo garantizamos los derechos sociales constitucionalmente?, ¿Cómo garantizamos que la naturaleza sea sujeto de derecho? ¿Cómo protegemos los bienes naturales comunes y realizamos una reapropiación social de lo público?. Hay muchas preguntas que responder y mucha voluntad popular que plasmar en la carta magna, para entregarsela en bandeja al duopolio, el que traspasando su control territorial y clientelismo, utilizando sus estrategias para captar votantes líquidos desde las elecciones municipales y de gobernadores hacia la elección de constituyentes, obtendrá excelentes resultados.

Lo segundo, es hacer un llamado a la participación, “Aprobar” la nueva constitución y “Convención Constitucional”. Recalcamos, no es momento de testimonios que marquen el voto, sino de transformaciones.  Es momento de hacer que la calculadora de la élite falle, del siguiente “esto no prendió”, es momento de dejarlos fuera. Para eso, también es necesario que nosotros validemos el momento constituyente y que tengamos un real proceso de unidad, que excluyamos a los oportunistas y a quienes trabajan desde lo personal, y potenciar a quienes vienen desde lo colectivo, a quienes vienen del pueblo pobre y sencillo, a quienes vienen de los movimientos sociales, a los movimientos ciudadanos, a quienes se movilizaron y estuvieron en la calle. La forma de hacerlo es fomentar a que las mayorías políticas que se expresan en las calles, se identifiquen, sean electas y hagan propio un proceso de elección de constituyentes desde los territorios y para eso es necesario unidad, unidad y unidad.

[*] El gráfico corresponde a un análisis realizado el año 2017, en el que se trabajó con la cantidad de participantes en la elección y no con los porcentajes de participación, ya que los padrones son variables en el tiempo y además no se puede comparar quórum antes y después de la inscripción automática y voto voluntario.

Se muestra la cantidad de distritos según la cantidad de cupos, los porcentajes de seguridad (si la lista alcanza este porcentaje, asegura que ingrese uno de sus candidatos) y los porcentajes de competitividad.

El porcentaje de competitividad es para 4 listas compitiendo, si la lista supera ese porcentaje tiene altas probabilidades de meter un candidato. Si aumenta las cantidad de listas el porcentaje de competitividad disminuye, pero el sistema de elección castiga la dispersión.

 [1] https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_D%27Hondt
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Plebiscito_nacional_de_Chile_de_2020

Texto:
Diego Soto
Rodrigo Mundaca
MODATIMA – FEBRERO 2020

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